Hola que tal querido lector, te saludo después de tanto tiempo, deseándote que tu vida vaya de lo mejor y que tus pequeñas latosas verdes estén bien sanas y haciendo cosas de tortugas normales. Por cierto hablando de latosos, pues aquí estamos para hacer nuestra "chamba", esperando no incomodar más de la cuenta.
A lo largo de este año han pasado algunas cosas que merecen la pena contarte, así que sin más te presento lo que ha acontecido con el padecimiento de mi tortuga Trachemys venusta de más de diez años y de lo que se procedió a hacer además de lo ya mencionado en la primera parte de este artículo, pero, antes que nada me gustaría recalcar que no soy médico veterinario y que sólo estoy presentando un testimonio empírico sustentado en algunos datos científicos, no pretendo sustituir el diagnóstico ni el tratamiento de los profesionales solamente presentarte otra version del padecimiento a través de lo vivido con mi mascota.
Retomando la narración y para no hacer el cuento demasiado largo, te diré que no obstante el tratamiento de sal, mi tortuga siguió presentando el síntoma de hinchazón de su oreja izquierda, acompañada de una notable molestia que producía en mi tortuga que se estuviera rascando constantemente con su patita, lo que ocasionaba que se le hinchara más la parte afectada. Cabe mencionar que a pesar de todo, la sal, sí desinflamaba y calmaba la molestia a mi tortuga, pero que al ser un tratamiento experimental que se prolongaba yo temía que le fuera a afectar más la sal que el padecimiento en si, por lo que procedí a aplicar el tratamiento una o dos veces por semana, sabiendo de antemano (por lo observado) que solamente representaba un paliativo.
Haré un pequeño paréntesis y para hacerla de emoción, te diré que a nivel personal he encontrado a muchas personas maravillosas que poco o nada tienen que ver con lo que escribo acerca de mis tortugas, pero que sin duda han contribuido sin saberlo a que entendiese la solución que la naturaleza me había mandado al padecimiento de mi tortugon, así que en verdad les agradezco de todo corazón a estos héroes anónimos (son conocidos algunos más sin embargo no creo pertinente colgarme de su renombre, si te interesa saber su identidad, solamente te diré que busques y encontrarás) que día a día se esfuerzan (o se esforzaron) por traernos contenido y conocimiento de calidad y que según creo, poco o nada les reditúa (o les redituaba), pero que sin embargo, lo realizan según pienso por vocación (vocare = llamado). Gracias y que Dios los bendiga!
A veces la naturaleza como instrumento divino puede sorprendernos con esos pequeños atisbos de conocimientos verdaderos encubiertos de vicisitudes, que una vez descodificados y reflexionados terminamos por llamar simplemente como coincidencias.
Resulta ser que un buen día mis tres tortugas (dos graptemys y una trachemys) se pusieron de acuerdo y se pusieron remolonas con el alimento, cabe señalar que mis tortugas siempre han comido pienso para tortuga de diferentes marcas acompañado de lechuga y que ocasionalmente les daba huevo cocido o camarones deshidratados (como golosinas), esta siempre fue la dieta de mis tortugas desde hace 15 años aproximadamente y nunca se quejaron, o al menos nunca las oí quejarse. Pero, como ya mencioné se negaban a comer lo que habitualmente habían venido degustando, así que decidí satisfacer sus delicados gustos culinarios y les dí a probar unos deliciosos charales (o al menos lo que nos venden como charales) deshidratados, los cuales paladearon con no poco recato para mi sorpresa, sin embargo, y a pesar de la alta cocina lograda, el gusto aparente de vuestras majestades no tardó en disiparse y en transmutarse en una insatisfacción total de todo el menú. Ya podrán imaginarse, primero la sorpresa, después la negación y al último el enojo del furibundo chef; enojo causado por la preocupación de no haber podido complacer a tan distinguidas personalidades o acaso debería decir animalidades, sea como fuere, el jefe de la cocina no iba a cejar en sus tentativas por ser del agrado de sus ilustres comensales. Así que sacó del rincón de su vetusto gabinete sus mejores y mas pulcros enseres de cocina, dispuestos en orden para la ejemplar faena. Puso la lumbre a fuego medio y encima un sartén cubierto de minerales para darle mejor sazón posible a la comida, acto seguido colocó un ejemplar filete de un modesto pescado sobre una magnifica sartén, a continuación no puso ni sal, ni huevo ni hierbas olorosas, pero el condimento que no falto nunca fue la dedicación y la atención a los detalles. El altivo cocinero ya más relajado, sudoroso y cansado por la hercúlea tarea, sirvió su exquisito platillo en una charola de plástico fino y se dispuso a presentárselo a sus poco recatados y exclusivos clientes. Cual no sería su asombro y beneplácito al ver que los invitados devoraban el agape ofrecido cual si de bestias se tratasen, es decir, sin reserva o modal alguno, no cabía duda, el festín había sido exitoso. Pero, ¿verdaderamente exitoso había resultado todo? Al parecer no, el eterno problema parecía ser el mismo que el de algunos seres humanos, no era el hambre de ser sino su insaciable aburrimiento por no ser. Efectivamente, el viejo hábito verde había sido detenido, al fondo de la estancia se escuchó la música de una vieja rocola de tocadiscos que empezó a entonar su antigua y olvidada melodía, y el tránsito habitual por alimentarse, de quizás, un alimento en otrora amarillamente industrializado, fue altamente procesado y transmutado en una sustancia de natural carmesí.
Y ahora qué...
- Huevo cocido (una vez a la semana o cada quince días).
- Pollo asado, también conocido como pollo a la plancha (cada dos días).
- Camarones deshidratados (de vez en vez, como golosinas).
- Lechuga (una o dos veces por semana)
Algunos alimentos que todavía no pruebo a darles, pero que, quizás intentaremos en un futuro: Brócoli cocido, camarones frescos, carne de res, grillos y algún otro tipo de pescado (por ahora no les gustó ni los charales, ni el bagre, ni la mojarra, ni la tilapia).
¿Las tortugas gimen?
¿Cómo comprar y preparar el pollo?
¿Y en donde está la coincidencia que mencionaste?
Bueno, lo curioso está en que mis pequeñas monstruas verdes no quisieron comer más comida procesada y como por arte de magia la otitis de una de mis tortugas se curó sola, desapareció por completo. Pero ¿cómo pasó? La verdad al respecto sólo tengo conjeturas, dado que no soy médico veterinario ni científico, pero (y aquí es donde aparece el conocimiento y trabajo de personas maravillosas), lo que creo que sucedió, es que de algún modo la comida verdadera contribuyó a fortalecer el sistema inmune de mi tortuga lo que provocó que finalmente se recuperará de su dolencia sin ningún tipo de ayuda externa y sin ninguna intervención quirúrgica. En algún lugar escuché que los médicos no te curan si no que simplemente ayudan a que tu cuerpo se recupere solo. La otra hipótesis, que creo que sea la menos probable, es que el alimento verdadero que les doy ahora a mis tortus ensucia menos el agua, y por ende, y a pesar de los filtros, la comida procesada tendería a ensuciar más el agua lo que finalmente provocaría una mayor probabilidad de que mi tortuga enfermase. Quién sabe, sea como fuere, te dejo la tarea de especular la causa aparente de la otitis; yo estoy contento de que mis tortus estén bien sanotas, y también estoy complacido con poder ayudar a alguien con el malestar de su mascota, y a la vez escribir un poco acerca de mi experiencia.
Cabe mencionar que no estoy en contra de los alimentos procesados, ya que mis tortugas llagaron a sus casi 15 años, gracias a los alimentos balanceados para tortugas, sin embargo, mis tortus decretaron que ya no los querían consumir más y una de ellas hasta osó recuperarse de su enfermedad. ¿Fue la naturaleza la que determinó el problema y/o la solución al problema?, ¿la tortuga me hizo una pregunta que en su momento no supe o no quise entender? ¿el ser humano está cubriendo o encubriendo las exigencias naturales? No lo sé, son preguntas que se me ocurre formular, pero cuya respuesta me es evasiva.
Algo que quizás aprendí es a saber escuchar a nuestras mascotas, es decir, que sino quieren comer algo, no te enojes ni te preocupes, quizás sólo sea tiempo de cambiar de escudos o de mudar de piel. Todo cambia! Todo sucede por algo!, es importante aprender a escuchar a nuestras mascotas para que estas encuentren su luz propia.
En fin, no quiero aburrirte con mis disertaciones sin sentido, sólo quería dar mi testimonio de que sí es posible revertir la otitis en tortugas semi acuáticas sin intervenciones quirúrgicas ni medicamentos.
Finalmente querido lector, quería despedirme por el momento y desearte la más grata estadía en este sueño maravilloso e impredecible al que llamamos vida. Bendiciones!, ci scriviamo dopo!








